Si la primera estancia es la más critica, el periodo posterior es igual de importante, ya que es cuando el cliente y la mascota vuelven a convivir tras un tiempo alejados, enfrentándose a una situación inusual y nueva para ambos.
En la inmensa mayoría de los casos tras la primera estancia, la mascota actúa de forma distinta a la habitual, debido al síndrome post-estancia.
Es normal que los dos o tres primeros días muestre un carácter apático y en cierto modo hostil hacia sus dueños (algunos nos comentan que su perro parece estar enfadado con ellos), acompañado de un decaimiento en su estado de ánimo (pasa mucho tiempo tumbado o durmiendo y no le apetece jugar como de costumbre).
Este comportamiento se achaca en la mayoría de las ocasiones a que el animal ha contraído alguna enfermedad, pero normalmente no es así.
También pueden darse otros comportamientos anormales, tales como la falta de apetito o todo lo contrario (comer y beber compulsivamente al llegar a casa o en presencia de los dueños).
De todas formas, lo primero que el cliente debe hacer es tratar a su mascota de la manera habitual, sin más mimos de los normales, ya que los animales son muy inteligentes y pueden llegar aprovecharse de esa situación.
Todos estos síntomas son propios de la primera vez. En ocasiones sucesivas, lo normal es que el perro actúe con mayor naturalidad hasta que después de varias estancias al llegar a casa se comporte como de costumbre.
Hay clientes que tras esta primera experiencia, no se atreven a volver a dejar a su mascota por temor a que se comporte igual. Por ello, debemos saber que cuando se repite el perro ya está acostumbrado y, por lo general, no suele afectarle tanto las posteriores estancias en la residencia.